Revista veterinaria científica internacional para el profesional de los animales de compañía
Veterinary Focus

Número de edición 22.3 Odontología

Cómo abordar… Fracturas maxilares y mandibulares en el gato

Fecha de publicación 01/04/2021

Escrito por Markus Eickhoff

Disponible también en Français , Deutsch , Italiano y English

Las fracturas mandibulares representan el 5-7% de todas las fracturas en el gato, teniendo como origen traumatismos a causa de atropellos o caídas. Las fracturas mandibulares tienen sus particularidades, en concreto si en una fractura está implicado más de un diente. 

Figura 3. Fractura del cuerpo mandibular; la flecha amarilla muestra la dirección en la que tiran los músculos que abren la mandíbula; la flecha roja muestra la dirección en la que tiran los músculos que cierran la mandíbula. Apertura de la línea de fractura y mal alineamiento

Puntos clave

El aspecto más importante del tratamiento de las fracturas mandibulares en el gato es la restauración de la funcionalidad de la oclusión.


Los gatos politraumatizados suelen presentar fracturas mandibulares.


El tratamiento de la fractura debe garantizar la viabilidad del diente.


La correcta valoración de una fractura incluye la realización de radiografías o incluso técnicas de diagnóstico por imagen más precisas como tomografía computerizada y resonancia magnética.


 

Introducción

Las fracturas mandibulares representan el 5-7% de todas las fracturas en el gato, teniendo como origen traumatismos a causa de atropellos o caídas (Figura 1). Las fracturas mandibulares tienen sus particularidades, en concreto si en una fractura está implicado más de un diente. Conservar la vitalidad del diente y mantener una oclusión natural son los principales objetivos del tratamiento; los dientes juegan un papel importante en la estabilización de la fractura. El principal objetivo es recuperar la funcionalidad lo antes posible para que el gato pueda comer. Normalmente la fractura mandibular suele ser una lesión más de las que presenta un animal politraumatizado. En estos casos el primer paso consiste en la estabilización de una animal en shock, antes que estabilizar la fractura. En general, cuando el gato ha sufrido un accidente visible, el propietario acude inmediatamente al veterinario, mientras que si el gato se lesiona cuando el propietario no está presente, puede que haya transcurrido tiempo y las lesiones no sean tan evidentes.

 

Figura 1. Gato con un traumatismo facial en el que se advierte maloclusión como consecuencia de la fractura del canino. © Markus Eickhoff / Thieme

 

Diagnóstico

Un movimiento anómalo de la mandíbula junto con crepitaciones son indicativos de la existencia de una fractura. La asimetría, la inflamación, el enoftalmos o exoftalmos, o diferencias laterales y rostro-caudales en el cierre mandibular no son en sí mismas diagnósticas de una fractura. Si la boca no puede cerrarse porque la mandíbula está desplazada, puede ser por una fractura o por una luxación de la articulación temporomandibular. Las fracturas suelen identificarse mediante radiografías desde diversos ángulos, es decir, vistas dorsoventral/ventrodorsal y lateral, así como proyecciones oblicuas para eliminar la superposición de estructuras. Cuando hay una fractura del maxilar o caudal en la mandíbula, el diagnóstico puede requerir, además de la radiografía, el uso de técnicas de diagnóstico por imagen tridimensional (TC, RM). Si una fractura afecta a los dientes es útil obtener imágenes de alta definición de la zona de fractura con radiografías intraorales.

Las fracturas y las lesiones de los tejidos blandos suelen ser concomitantes, de modo que suele haber hemorragia en la boca, aumento de salivación y ausencia o desplazamiento de dientes, dando lugar a dolor e inflamación de la cavidad oral, lo que impide una exploración correcta. La dentición felina, compacta, implica que, incluso un desplazamiento mínimo de un diente, puede provocar dificultad para cerrar la mandíbula; si esto ocurre, el veterinario debe descartar la presencia de una fractura.

 

Fracturas del maxilar 

El maxilar está integrado por los huesos maxilares pares, los incisivos y los palatinos, unidos en la línea media en la sutura palatina medial. El principal aporte sanguíneo procede de las arterias mayores infraorbitaria y palatina. La arteria infraorbitaria entra a través del agujero maxilar en la fosa pterigopalatina, atraviesa el canal infraorbitario y sale por el agujero infraorbitario. La principal arteria palatina entra en el agujero palatino mayor y se desplaza rostralmente hacia ambos lados del surco palatino.

Si se fractura el maxilar, el desplazamiento suele ser mínimo; lo más frecuente es observar la lesión en la zona de la sutura palatina media. Al mismo tiempo, los huesos fracturados pueden desplazarse vertical u horizontalmente, provocando alteraciones de la oclusión. El traumatismo frecuentemente da lugar a paladar hendido, con el riesgo de aspiración del alimento o cuerpos extraños. No siempre es posible la estabilización de una fractura en esta zona, debido al volumen de las estructuras implicadas. El mejor procedimiento, si es posible, consiste en alinear y estabilizar los huesos utilizando un alambre de cerclaje y una férula acrílica. Para hacer esto, los alambres se colocan alrededor de los dientes, utilizando una fresa para colocarlos bien; a continuación, la fractura se reduce y se estabiliza, y los alambres se incrustan en una férula acrílica, que se asegura a los dientes. En muchos casos basta la colocación de una férula para la estabilización.

Cuando se presenta un paladar hendido y los huesos que rodean a la sutura palatina no pueden ser reparados, el autor aconseja el cierre de los tejidos blandos del paladar hendido. Si hay un defecto amplio, puede utilizarse o bien una técnica de avance bipedicular o bien una técnica de colgajo de solapamiento.
 
  • Técnica de avance bipedicular: después del desbridamiento de los bordes de la herida, se practican incisiones para-marginales bilaterales unos pocos milímetros en dirección palatina hacia los premolares y los molares. Se separa la zona entera entre el paladar hendido y la incisión para-marginal, junto con la arteria palatina, de modo que el colgajo esté unido solo rostral y caudalmente a la mucosa palatina. Al suturar los colgajos en la línea media, es deseable el cierre por planos (por tanto seguro), y puede colocarse una malla sintética absorbible debajo de la mucosa para favorecer la cicatrización. Por último, las incisiones palatinas laterales se cierran con puntos sueltos.

  • Técnica de colgajo de solapamiento: el objetivo principal de esta técnica es asegurar que las suturas están sujetas al hueso. A un lado del paladar hendido se prepara un colgajo mediante una incisión para-marginal mientras se protege la arteria palatina, dejando intacto el borde del paladar hendido. A continuación se da la vuelta al colgajo (de forma que el “techo” de la boca forme el suelo de la cavidad nasal) y se coloca a través y debajo de la mucosa palatina adyacente al paladar hendido antes de suturarlo. Esta técnica es problemática en gatos ya que la movilización de la arteria palatina puede ser difícil, siendo vital conservar el suministro vascular del colgajo; si la arteria se daña o se rasga, cabe esperar necrosis del colgajo. Además, si el traumatismo inicial provoca laceración de la zona circundante al paladar hendido, existe riesgo de desarrollar posteriormente una fístula.
La posición y longitud de los caninos superiores los predispone a verse afectados por las fracturas del maxilar; un traumatismo puede provocar la luxación lateral de los dientes junto con el hueso de la boca. Si hay una intervención rápida, la sustitución puede ser una posibilidad, estabilizando el diente con una férula acrílica. Tras la cicatrización, debe comprobarse la vitalidad del diente mediante radiografía (evaluando la anchura de la pulpa y la zona periapical) y, si es preciso, deberá realizarse el tratamiento endodóntico.

Cuando hay múltiples fracturas en el maxilar con desplazamiento de fragmentos, puede utilizarse una miniplaca para la reconstrucción del maxilar; con esta técnica es esencial la protección máxima de las raíces de los dientes.
 

Fracturas de la mandíbula

La mandíbula o maxilar inferior se compone de una hemi mandíbula derecha e izquierda, con una unión sindesmótica (ligamentosa) o sincondrótica (cartilaginosa) en la sínfisis. Durante la vida de un gato puede producirse una sinostosis (unión ósea), pero en general sigue existiendo un ligero movimiento entre las dos mitades de la mandíbula. Se diferencian dos porciones en la mandíbula, la rama horizontal y la rama vertical, situándose los dientes en el hueso alveolar, de la rama horizontal. Los vasos sanguíneos y los nervios llegan a la mandíbula a través del agujero mandibular en la superficie interior de la rama vertical y luego se dirigen rostralmente a través del canal mandibular paralelos al margen ventral de la mandíbula, antes de reaparecer de nuevo en el agujero mentoniano al nivel del tercer premolar. La mandíbula está conectada a la base del cráneo en la región del hueso temporal mediante la articulación temporomandibular. El cráneo del gato tiene una fosa muy profunda con límites caudales y rostrales pronunciados, la apófisis retroarticular y la posglenoidea. La articulación temporomandibular es una articulación en bisagra incongruente, separada por un disco intra-articular fibrocartilaginoso en los compartimientos dorsal y ventral, y está limitada casi por completo a un movimiento en bisagra simple, con muy poco movimiento lateral; dando lugar a la mordida ideal para la dentición felina, carnívora. La función carnívora está completada por la mandíbula anisognata, en la cual los dientes inferiores están más juntos que los superiores.

Los grandes músculos masticadores (masetero, pterigoideo y temporal) se insertan en la superficie lateral y medial de la rama vertical próxima a la articulación temporomandibular encargándose del cierre de la mandíbula; rostralmente los músculos digástrico y sublingual participan en su apertura. La mandíbula está diseñada para afrontar las demandas de la masticación: las trabéculas del hueso esponjoso corresponden a las líneas de mayor tensión, y el grosor cortical varía en función del soporte de carga; el borde ventral del maxilar inferior, donde hay una gran carga de compresión, es muy grueso.

La dirección de tiro de los músculos masticatorios y el curso de la línea de fractura, puede crear condiciones favorables y desfavorables para la consolidación de la fractura. Obsérvese que el borde ventral de la mandíbula corresponde a la carga de compresión, mientras que la cresta alveolar está asociada con la carga de tracción, de modo que para la reparación de la fractura puede utilizarse una técnica de neutralización sobre la superficie ventral o un cerclaje de banda de tensión en la superficie dorsal, o ambas. Sin embargo, la presencia de dientes en el lado de tracción puede suponer un problema a la hora de realizar una fijación interna convencional y, si hay dientes en la zona de fractura, a menudo es necesario modificar el enfoque del tratamiento.

Para las fracturas de ambos maxilares, superior e inferior, es deseable evaluar la oclusión dental cuando se reduce la fractura. En lugar de retirar el tubo endotraqueal para poder explorar correctamente la cavidad oral, el autor prefiere la intubación con un tubo de faringostomía, que permite explorar la cavidad oral durante toda la cirugía. Esta técnica es útil también para el tratamiento de fracturas mandibulares caudales, en las que puede ser deseable la fijación de la fractura mediante inmovilización temporal de los caninos. 

 Fracturas de la sínfisis mandibular 
 
Dado que la sínfisis mandibular en general no se fusiona mediante osificación, desde un punto de vista técnico podría considerarse una “pre-fractura”, de forma que cuando sufre un traumatismo las hemimandíbulas suelen separarse, sobre todo si el gato cae clínica como de una gran altura (el síndrome del gato paracaidista); cuando un gato se cae, suele conseguir girar durante la caída y aterrizar sobre las cuatro patas para amortiguar el golpe. Sin embargo, la mandíbula del gato a menudo golpea el suelo al mismo tiempo, dando lugar con frecuencia a la separación de la sínfisis. Los músculos separan las ramas mandibulares izquierda y derecha entre sí, vertical u horizontalmente, y esto es fácil de apreciar tanto clínica como radiológicamente. El tratamiento convencional de esta separación es la colocación de un alambre de cerclaje circunmandibular caudal a los caninos inferiores (Figura 2) y apretar el alambre hasta que los hemimaxilares inferiores estén alineados; los extremos enroscados pueden colocarse dentro o fuera de la boca. En cualquiera de los casos, el alambre puede colocarse utilizando una guía hueca como una aguja hipodérmica. Si el alambre va a enroscarse dentro de la boca, puede ser preferible colocarlo en la superficie lingual de los incisivos y enterrarlo en la mucosa; la colocación lateral de los extremos enroscados puede clavarse en los caninos superiores. Cuando el alambre se va a enroscar extraoralmente, de nuevo se coloca utilizando una guía y se entierra en la piel debajo de la mandíbula. El tamaño del alambre utilizado varía dependiendo del tamaño del gato, pero suele ser de 0,3 a 1 mm de diámetro. 
 

Figura 2. Separación de la sínfisis mandibular reparada con un alambre de cerclaje. © Markus Eickhoff / Thieme

 

Hay que tener cuidado de que la colocación del alambre no provoque la convergencia de las coronas de los caninos inferiores, ya que esto puede provocar una maloclusión e incluso impedir el cierre de la mandíbula. Para evitar esto, puede asegurarse un puente de composite entre los caninos inferiores. Nótese que el tratamiento de una fractura de la sínfisis utilizando un tornillo o un clavo transversal óseo no está recomendado, ya que dañará las raíces de los caninos.

Fractura de la rama horizontal de la mandíbula 

Como se indicó antes, con una fractura del cuerpo mandibular, dependiendo de la línea de fractura, los músculos pueden tanto desestabilizar como estabilizar la fractura; es decir, podemos encontrarnos con una fractura desfavorable o favorable. Si la línea de fractura es caudoventral la musculatura tiende a separar la fractura (Figura 3a). Con una línea de fractura caudodorsal, ocurre lo contrario, y la musculatura compensa la fractura (Figura 3b). Si no hay dientes en el punto de fractura, puede considerarse la utilización de una placa ósea (por ejemplo, una miniplaca), pero si hay dientes, es preferible la utilización de un alambre de cerclaje o de un método no invasivo, como una férula acrílica. Téngase en cuenta que, al situar los agujeros de la fresa para la colocación del alambre, debe tenerse mucho cuidado para evitar dañar las raíces del diente o el canal mandibular. El mismo problema surge cuando se utiliza una placa ósea, ya que los agujeros de los tornillos vienen predeterminados. En el borde ventral de la mandíbula, la inserción de una miniplaca plantea relativamente pocos problemas, pero quizá no sea lo suficientemente fuerte como para soportar la carga requerida. Por lo tanto, cuando una fractura afecta a dientes que están sujetos a tracción, la estabilización debe garantizar la protección de los dientes y, antes que utilizar una placa ósea, se prefiere un procedimiento alternativo como una férula acrílica, un alambre de cerclaje o una combinación de ambos.

 

Figura 3. Fractura del cuerpo mandibular; la flecha amarilla muestra la dirección en la que tiran los músculos que abren la mandíbula; la flecha roja muestra la dirección en la que tiran los músculos que cierran la mandíbula.
a. Apertura de la línea de fractura y mal alineamiento 
© Markus Eickhoff

 

Figura 3. Fractura del cuerpo mandibular; la flecha amarilla muestra la dirección en la que tiran los músculos que abren la mandíbula; la flecha roja muestra la dirección en la que tiran los músculos que cierran la mandíbula. 
b. Buen alineamiento de la fractura con compresión en la zona de la línea de fractura.
© Markus Eickhoff

 

 

Con una línea de fractura favorable, un cerclaje dorsal puede dar suficiente estabilidad; con una línea desfavorable, son necesarios dos alambres de cerclaje (Figura 4a-d). Como alternativa se puede plantear un tratamiento no invasivo utilizando una férula acrílica sujeta a la arcada dental, sola o en combinación con un cerclaje. Puede obtenerse una estabilización añadida de la férula utilizando alambres colocados entre los dientes. Nótese que algunos compuestos acrílicos desprenden calor cuando se ajustan y se preferirán materiales de curación fría para evitar el daño térmico de los dientes. Antes de ajustar la férula acrílica es imprescindible asegurar que la oclusión es óptima; los dientes deben ser grabados con ácido fosfórico para producir una superficie retentiva, ya que la forma carnívora de los dientes no predispone a la unión de la resina acrílica con el esmalte.

Figura 4. Fractura mandibular con desplazamiento.
a. La sección caudal de la mandíbula es arrastrada hacia la base del cráneo mientras que la sección rostral es desplazada en dirección ventral. 
© Markus Eickhoff

Figura 4. Fractura mandibular con desplazamiento. 
b. La radiografía demuestra claramente la sección desplazada de la mandíbula. 
© Markus Eickhoff

 

Figura 4. Fractura mandibular con desplazamiento.
c. La fractura se redujo y se fijó utilizando una férula acrílica y alambre de cerclaje. 
© Markus Eickhoff

 

Figura 4. Fractura mandibular con desplazamiento. 
d. Radiografía postoperatoria que muestra el realineamiento de la mandíbula con la férula y los alambres.
© Markus Eickhoff

 

La inmovilización de la zona de fractura mediante un vendaje externo suele ser muy difícil debido a la morfología de la cabeza del gato, y la utilización de una banda a modo de bozal o de vendajes sujetos por botones para reducir la fractura no aseguran una inmovilización total, de modo que sigue habiendo pequeños movimientos en la zona de fractura; esto puede impedir la consolidación del hueso dando lugar a pseudoartrosis. Si la cavidad oral se fija en una posición cerrada para la reparación de la fractura, obviamente es necesario colocar una sonda de alimentación.

Cuando hay fragmentos múltiples o un defecto de hueso grande, puede considerarse la utilización de un fijador externo, pero de nuevo, debe tenerse cuidado de proteger los dientes en la mayor medida posible. Basta con colocar dos alambres de Kirschner por fragmento, en diferentes ángulos antes de alinearlos cerca de la mandíbula y ajustarlos con una férula acrílica. Téngase en cuenta que el empleo de un clavo intramedular, por ejemplo, colocado en el canal mandibular, es una técnica obsoleta.

 Fracturas de la rama vertical de la mandíbula 

Cuando se fractura la rama vertical, de pared fina, las masas musculares medial y lateral pueden mantener los fragmentos alineados y ofrecer estabilidad suficiente. Sin embargo, dependiendo de la extensión de la fractura, la contracción muscular puede provocar solapamiento de los huesos con acortamiento de la rama vertical; aquí, puede considerarse el tratamiento utilizando cerclaje de alambre o una miniplaca. 

Las fracturas del proceso articular pueden identificarse clínicamente cuando la mandíbula no puede cerrarse en el lado lesionado. Las fracturas en esta zona son difíciles de diagnosticar mediante radiografía; las proyecciones convencionales no suelen ser suficientes para evaluar la fractura. Con una proyección oblicua lateral es posible resaltar la articulación, pero sigue siendo necesario un diagnóstico por imagen mediante TC o RM. Debido a su pequeño tamaño anatómico, la fractura del proceso articular temporomandibular es muy difícil o imposible de tratar quirúrgicamente, aunque por otro lado el movimiento de la mandíbula puede dar lugar a una pseudoartrosis. En muchos casos, pese a la falta de consolidación, la pseudoartrosis permite una funcionalidad correcta haciendo que no sean necesarios tratamientos posteriores, siempre que no se impida la oclusión. La formación de un callo puede provocar anquilosis de la articulación y puede ser necesario reseccionar la cabeza de la articulación temporomandibular. Dado que normalmente no es posible tratar directamente la fractura, la alternativa es la inmovilización de la mandíbula con una fijación transitoria al maxilar mediante un bloque intermaxilar (o maxilar-mandibular), por medio del cual los cuatro caninos se mantienen en una posición fija con un puente de composite (Figura 5). La fijación con la boca completamente cerrada garantiza una buena oclusión, pero es necesario colocar una sonda esofágica de alimentación. La fijación en una posición semiabierta debe ser correcta para prevenir una posterior maloclusión, sin embargo permite la ingesta de líquidos por parte del paciente. Como en el caso anterior, la utilización de una banda como bozal o de ligaduras para cerrar la cavidad oral cuando se presenta una fractura de la articulación temporomandibular es la última opción debido al riesgo evidente de desplazamiento de la mandíbula.

El bloque intermaxilar debe dejarse colocado durante 2 a 3 semanas; este tiempo suele ser suficiente para la consolidación y evita la remodelación de la articulación inmovilizada. Los cerclajes de alambre, las placas y las férulas descritas antes pueden retirarse tras 6 semanas.
 

Figura 5. Uso de composite en el canino para estabilizar una fractura cerca de la articulación temporomandibular. © Markus Eickhoff / Thieme

 

Dientes en el punto de fractura

En muchos casos pueden dejarse in situ los dientes presentes dentro de una fractura para garantizar la estabilización o para permitir la colocación de una férula acrílica. Las contraindicaciones para dejar un diente en la zona de fractura son: empeoramiento de enfermedad periodontal, aflojamiento severo del diente o rotura del diente con infección clara. Cuando se fractura un diente principal el tratamiento endodóntico transitorio es necesario con el fin de evitar una pulpitis y un deterioro de la consolidación de la fractura. A continuación puede realizarse un tratamiento endodóntico definitivo una vez que la fractura haya consolidado, o puede extraerse el diente. Dado que el punto de fractura suele estar en comunicación directa con la boca y sus bacterias asociadas, debe administrarse antibioterapia para contribuir a la consolidación; también es obligatorio un tratamiento antiinflamatorio y analgésico.


Conclusión 

El principal objetivo cuando se trata una fractura de la mandíbula en un gato es la restauración de la oclusión funcional; más allá de conseguir la alineación perfecta de los fragmentos de fractura (evaluada mediante radiografía). Durante el tratamiento debe priorizarse la protección de las piezas dentarias, ya que estas juegan un papel fundamental en la estabilización de la fractura y, aunque los alambres de cerclaje y las placas de osteosíntesis son muy útiles, hay determinadas técnicas no invasivas, como las férulas acrílicas, que pueden ser también muy efectivas.

Bibliografía recomendada

  • Bellows J. Feline Dentistry: oral assessment, treatment and preventive care. 1st ed. Wiley: Blackwell 2010. 
  • Tutt C, Deeprose J,Crossley D. Eds. Manual of canine and feline dentistry. 3rd ed. Gloucester: BSAVA 2007. 
  • Eickhoff M. Zahn- Mund- und Kieferheilkunde bei Klein- und Heimtieren. 1st ed. Stuttgart: Enke Verlag 2005. 
  • Niemic BA. Small animal dental, oral and maxillofacial disease. 1st ed. London: Manson 2010.
  • Verstraete FJM, Lommer MJ. Oral and maxillofacial surgery in dogs and cats. 1st ed. Philadelphia: Saunders 2012.
 

Markus Eickhoff

Markus Eickhoff

Markus Eickhoff, Weissach, Stuttgart, Alemania Leer más

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