Issue 28.3 - Noviembre 2018

Cuestiones de nutrición

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Comportamiento alimentario del gato

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Todos necesitamos comer para sobrevivir. Para el ser humano comer puede suponer mucho más que una simple tarea rutinaria; mientras disfrutamos de la comida podemos descansar, relajarnos y quizá, también, ponernos al día con amigos y familiares. Pero para el gato, tal y como explica Jon Bowen, comer no es precisamente lo mismo.

Trastornos relacionados con la alimentación y la raza en el perro

Trastornos relacionados con la alimentación y la raza en el perro

Cuando un perro presenta un problema grave es fácil que, a veces, pasemos por alto la predisposición racial en ciertas enfermedades. Giacomo Biagi nos ofrece un breve resumen de algunos problemas frecuentes en determinadas razas caninas en los que el alimento desempeña un papel importante.

Alimentos sin cereales – ¿buenos o malos?

Las modas y las tendencias van y vienen en todos los aspectos de la vida y, en lo que respecta a la nutrición del perro y el gato, una de las últimas novedades es la de los alimentos sin cereales. ¿Qué quiere decir esto en términos prácticos y cuál es el fundamento? Maryanne Murphy y Ángela Rollins nos ofrecen una visión general sobre este concepto.

Introducción

El término general “grano” (grain en inglés) hace referencia a las semillas secas de plantas con flores que al germinar tienen una hoja (monocotiledóneas) o dos hojas (dicotiledóneas); a su vez se pueden clasificar como cereales, cereales menores, o pseudocereales (Figura 1). Algunos ejemplos de semillas y su clasificación se muestran en el Recuadro 1 . El gluten, que es una proteína compuesta por la mezcla de gluteninas y gliadinas, se encuentra únicamente en el trigo, la cebada, el centeno y el triticale; la avena no contiene gluten, pero se puede contaminar con el trigo durante la recolección o el procesado1 . El gluten también puede estar presente en algunas salsas procesadas, en medicamentos y en suplementos, así como en carnes procesadas (1).

Figura 1. La palabra en inglés grain (grano) es un término general que engloba a un gran número de cereales, cereales menores o pseudocereales.
© Shutterstock
Figura 2. Es importante que tanto el veterinario como el propietario, cuando hablen sobre los ingredientes de los alimentos sin cereales, se refieran a lo mismo para evitar confusiones.
© Shutterstock

Es importante tener en cuenta esta terminología y este contexto a la hora de considerar proporcionar a la mascota un alimento sin cereales, ya que el propietario puede manifestar su preferencia por este tipo de alimentos, cuando, en realidad, lo que quiere evitar específicamente es el gluten o determinados, pero no todos, los cereales. Parece ser que a muchos propietarios de perros les preocupa la presencia de los cereales (maíz, arroz, trigo) en los alimentos y quieren evitarlos. 

No obstante, a nivel particular, los propietarios pueden considerar aceptables algunos de los cereales menores y, de hecho, muchos propietarios incluso prefieren que el alimento de su mascota contenga pseudocereales. Para evitar confusiones y poder recomendar ingredientes con los que el propietario se sienta cómodo, es esencial asegurarse de que el equipo veterinario y el propietario hablan de lo mismo al utilizar el término “sin cereales” o grain free (Figura 2).

1 La harina de gluten de maíz es un subproducto del procesado del maíz que se utiliza en algunos países como alimento para los animales, pero su nomenclatura puede llevar a error; el maíz no contiene ni gliadina ni glutenina.

Cereales Cereales menores Pseudocereales
Maíz Cebada Amaranto
Arroz Lágrima de Job Trigo sarraceno
Trigo* Mijo Chía
  Avena Kañiwa
  Centeno Quinoa
  Sorgo/mijo  
  Tef  
  Triticale (híbrido centeno/trigo)  
Recuadro 1. Ejemplos de semillas o granos según su clasificación.
* Algunas variedades o preparados de trigo incluyen el bulgur, el trigo común, el trigo duro, el trigo escaña, el emmer/farro, el freekeh, el khorasan, la sémola de trigo y la espelta.

Los alimentos sin cereales para perros y gatos han ganado popularidad recientemente. En el 2015 alcanzaron el 29% de las ventas en el mercado especializado de las mascotas, (2) y en el 2016 el 19% de las ventas de alimentos para perros y el 15% de las ventas de alimentos para gatos (3). Se han expuesto muchas razones que explican esta tendencia en la alimentación, como el deseo de querer ofrecer un alimento biológicamente más parecido a lo que comían sus ancestros, evitar las fluctuaciones innecesarias de la glucemia como consecuencia de alimentos altos en carbohidratos, mejorar la digestibilidad y la calidad del alimento, y evitar alergias alimentarias. Este artículo ofrece una revisión de lo que conocemos hasta ahora sobre el aporte de cereales en alimentos para perros y gatos en relación con los motivos mencionados.

Alimentos biológicos ancestrales

Un alimento biológico ancestral es aquel que consumiría una especie si viviese en la naturaleza. Generalmente, esto supone alimentar al perro como si fuera un lobo y al gato doméstico como si fuera un gato salvaje. En los meses de invierno, los lobos grises prefieren cazar y consumir grandes ungulados cada 2-3 días, aunque es frecuente que la disponibilidad de alimentos fluctúe (4). Lo primero que consume una manada de lobos cuando mata a su presa son los órganos internos, seguido de los grandes músculos esqueléticos. En las siguientes 48 horas, los lobos consumen los huesos, los tendones, los cartílagos y la piel, dejando en último lugar al rumen y a los huesos irrompibles. En los meses de verano, la alimentación es más variada e incluye roedores, aves, invertebrados y material vegetal. La ingesta típica de macronutrientes del lobo, en base a la energía metabolizable (EM), consiste en un 54% de proteínas, un 45% de grasas y un 1% de carbohidratos (4), mientras que el perro doméstico prefiere el alimento comercial seco o enlatado que consiste en un 30% de proteínas, un 63% de grasas y un 7% de carbohidratos, en base a la EM (Recuadro 2) (5). 

Maryanne Murphy“Los estudios indican que, durante el proceso de la domesticación del perro, se seleccionaron genes claves para el metabolismo del almidón; sin embargo, la selección de la docilidad fue el principal factor que alteró, en un primer lugar, el genoma del gato doméstico.”Maryanne Murphy

La alimentación preferida de los gatos salvajes se basa en primer lugar en la ingesta de conejos, seguida de los roedores, y completan su dieta con insectos, reptiles, pájaros y artrópodos, en función de su disponibilidad. Se ha indicado que el gato callejero consume un 78% de mamíferos, un 16% de pájaros, un 3,7% de reptiles y anfibios, y un 1,2 % de invertebrados, aunque también la disponibilidad de las presas dicta sus preferencias (6).

El aporte diario de macronutrientes del gato callejero, en base a la EM, consiste en un 52% de proteínas, un 46% de grasas y un 2% de carbohidratos (Recuadro 2) (6). Si al gato doméstico se le ofrecen varios alimentos secos y húmedos, el perfil preferido de macronutrientes, en base a la EM, consiste en un 52% de proteínas, un 36% de grasas y un 12% de carbohidratos (Recuadro 2) (7). Los alimentos secos sin cereales para gatos contienen menos carbohidratos que los alimentos con cereales (22,4 ± 5,6% EM vs 30,1 ± 7,7% EM; calculado con el factor energético de 3,5 Kcal/g; p <0,001) (8). No se han publicado datos similares respecto al perro. 

Los partidarios de los alimentos sin cereales, además de utilizar un alimento con un perfil de macronutrientes preferido por la especie, justifican que el gato y el perro necesitan este tipo de alimentos debido a su naturaleza carnívora. El lobo se clasifica como carnívoro generalista por la capacidad de alimentarse de varios tipos de alimentos, aunque su dieta se basa en la ingesta de presas. Utiliza sus caninos e incisivos para derribar a su presa, cortar la piel y los músculos, y agarrar a su presa, mientras que con las muelas carniceras (cuarto premolar del maxilar y primer molar de la mandíbula), gracias a sus dos bordes cortantes, pueden sujetar y cortar el alimento con un movimiento de autoafilado. La parte posterior del primer molar de la mandíbula y del maxilar sirven como superficie para aplastar y moler el alimento. El perro presenta una dentición muy parecida, y aunque algunos autores consideran que es un carnívoro, el Consejo Nacional de Investigación lo ha clasificado como omnívoro (9). Para respaldar esta clasificación, los datos de la resecuenciación de todo el genoma indican que, durante la domesticación del perro, se seleccionaron tres genes claves para la digestión del almidón (AMY2B, MGAM y SGLT1) (10). Después de la domesticación, la selección positiva continuó influyendo en el número de copias del gen AMY2B en las razas caninas en función del consumo habitual de almidón (11).

  Lobos Perros domésticos Gatos salvajes Gatos domésticos
Proteínas 54 30 52 52
Grasas 45 63 46 36
Carbohidratos 1 7 2 12
Recuadro 2. Comparación de la ingesta de macronutrientes (% de energía metabolizable, EM).

Sin embargo, los gatos son carnívoros estrictos, ya que necesitan obtener varios nutrientes esenciales de los tejidos animales (6). En un estudio, se observó que los genes involucrados en los procesos neuronales (como el comportamiento y las señales contextuales relacionadas con las recompensas) del gato doméstico (Felis catus) eran diferentes a los del genoma del gato salvaje (Felis silvestris silvestris y Felis silvestris lybica); esto sugiere que la selección de la docilidad fue el principal factor que alteró, en un primer lugar, el genoma del gato doméstico (12). Los autores sugieren que el escaso efecto genético de la domesticación felina que se observa en los resultados de sus estudios se debe a divergencias recientes a causa del continuo cruce con gatos salvajes, el breve periodo de convivencia con el ser humano y a la ausencia de claras diferencias morfológicas y comportamentales con el gato salvaje. En resumen, actualmente no hay evidencias genéticas que expliquen las diferencias en las características alimentarias entre el gato doméstico y el gato salvaje, aunque existen leves diferencias en cuanto a la preferencia de los macronutrientes, tal y como se ha mencionado anteriormente. 

Carbohidratos, glucemia y digestibilidad del alimento

Otro motivo habitual por el cual el propietario prefiere un alimento sin cereales es el de querer limitar el consumo de carbohidratos y, con ello, evitar las fluctuaciones de la glucemia. Aunque los perros no tienen a-amilasa salival, que es la responsable de la fragmentación inicial de los carbohidratos en oligosacáridos, las enzimas digestivas y metabólicas relacionadas con la digestión de los carbohidratos son similares a las de otras especies omnívoras, como el ser humano. Sin embargo, la capacidad de digerir, absorber y metabolizar el almidón y el azúcar es muy diferente en el gato. Los detalles de estas adaptaciones metabólicas quedan fuera del alcance de este artículo, pero se han revisado recientemente (13).

Aunque el gato tiene menos cantidad y tipo de enzimas relacionadas con los carbohidratos, sí puede digerirlos y utilizarlos de forma eficiente. En un estudio, se evaluaron 6 fuentes diferentes de carbohidratos y se observó que la digestibilidad del almidón era similar en el gato, la rata y el perro (14). Aunque el gato puede digerir los carbohidratos, todavía hay mucha controversia con respecto a los efectos a largo plazo de los alimentos altos en carbohidratos y el desarrollo de obesidad y diabetes mellitus. Actualmente no hay evidencias de que el contenido de carbohidratos del alimento afecte directamente al riesgo o al desarrollo de la obesidad en el gato. En cambio, sí hay estudios en los que se ha observado que los gatos que reciben un alimento alto en grasas o en proteínas tienen más tejido graso e ingieren más calorías que los gatos que reciben un alimento alto en carbohidratos (15). No obstante, algunos estudios sugieren que un alimento bajo en carbohidratos permite regular mejor la glucemia en gatos diabéticos (16) y permite reducir los niveles séricos postpandriales de insulina y glucosa en gatos sanos (15). En la actualidad, no se ha determinado si los alimentos altos en carbohidratos contribuyen a largo plazo al desarrollo de diabetes en el gato.

Al valorar los efectos de los carbohidratos en la glucemia, no solo se debe tener en cuenta la cantidad, sino también la fuente de los carbohidratos. Tanto en el perro como en el gato, las fuentes de carbohidratos que tienen más fibra (almidón resistente a la digestión) y proteínas suelen generar una menor fluctuación de la glucemia (14) (15) (16) (17). Por ejemplo, en el gato, el maíz y el arroz de cervecería generan un mayor aumento de la glucosa y de la insulina que ingredientes como los guisantes y las lentejas (14). Por tanto, aunque los alimentos presenten un nivel de carbohidratos parecido, los efectos metabólicos pueden ser diferentes.

Alergias alimentarias

Los propietarios pueden elegir para su perro o su gato un alimento sin cereales con el objetivo de evitar el desarrollo de una alergia alimentaria. La alergia alimentaria se puede definir como una reacción adversa del sistema inmune frente a las proteínas del alimento, o una intolerancia asociada a una respuesta de hipersensibilidad del sistema inmune, que se puede volver a reproducir al realizar la prueba de provocación (18). La reacción alérgica al alimento puede ser inmediata (mediada por IgE), retardada (no mediada por IgE), o una combinación de ambas (18). En las personas, los alérgenos alimentarios son glicoproteínas hidrosolubles de peso molecular comprendido entre 10-70 kD que se pueden clasificar como sensibilizantes primarios de clase 1 y/o sensibilizantes de clase 2, que presentan reactividad cruzada (18). La reactividad cruzada puede producirse entre alimentos que pertenecen a una misma familia; por ejemplo, en las personas el riesgo de reactividad cruzada entre las especies de mariscos es del 75%, sin embargo, en las legumbres este riesgo es de solo el 5%, y en los cereales del 25% (18). En el perro y el gato todavía no se han determinado los alimentos que pueden presentar reactividad cruzada, aunque en el perro parece que no existe reactividad cruzada entre la carne de vacuno y los productos lácteos, o entre la soja y el trigo, pero puede haber reactividad cruzada entre el pollo y los huevos (19). Por este motivo, se debe realizar la prueba de provocación con ingredientes concretos, lo que permite identificar la reactividad real. Si no se realiza esta prueba se debe evitar cualquier ingrediente que pertenezca a la misma familia, lo que podría limitar, innecesariamente, posibles alimentos que se podrían administrar.

Figura 3. Ingredientes asociados a la RAA en perros según 373 informes de ingredientes en los que se ha realizado la prueba de provocación. Se incluyeron los datos publicados de al menos 5 perros y se excluyeron los datos de estudios en los que se buscaba una RAA específica (p. ej., perros con sospecha de reaccionar frente al pollo) (20) (21) (22) (23) (24) (25).
Figura 4. Ingredientes asociados a la RAA en gatos según 65 informes de ingredientes en los que se realizó la prueba de provocación. Se incluyeron los datos publicados de al menos 5 gatos en los que no se buscó una reacción a un ingrediente específico, y se excluyeron los datos de estudios en los que se buscaba una reacción al alimento específica (p. ej., gatos con sospecha de reaccionar frente al pollo) (24) (25).

Figura 5. Distribución de los ingredientes de origen animal y de origen vegetal de los alimentos secos sin cereales y con cereales para gatos de venta en Estados Unidos (8). Se recopilaron los datos de 42 alimentos secos con cereales y de 35 alimentos sin cereales. Todos los ingredientes asociados a la RAA en el gato fueron incluidos (se muestran en la Figura 4 ). No se muestra el resto de los ingredientes, que representan < 30% de cada tipo de alimento (salvo que se incluya para comparar).

A diferencia de la alergia alimentaria, la intolerancia alimentaria implica una respuesta no inmunitaria frente al alimento y que se puede reproducir con la prueba de provocación (18). El ejemplo típico es la intolerancia a la lactosa, en la que, debido a la deficiencia de la enzima lactasa, no se pueden digerir adecuadamente los alimentos que contienen lactosa, lo que da lugar a la aparición de signos gastrointestinales. Cabe señalar que en el perro y el gato es muy complicado diferenciar entre la alergia y la intolerancia alimentaria, por lo que puede ser preferible el término “reacción adversa al alimento” (RAA).

Los ingredientes que suelen estar asociados a la RAA en el perro son la ternera, los lácteos, el pollo, el trigo y los huevos (Figura 3), mientras que, en el gato, es frecuente la RAA a la ternera, los lácteos, el pescado, el cordero, el pollo y el trigo (Figura 4). Tal y como se ha señalado en un estudio (24), es importante tener en cuenta que estos datos no reflejan la prevalencia real de la alergia a ingredientes específicos en el perro y el gato, puesto que no se han realizado todas las pruebas de provocación con cada uno de los alérgenos alimentarios posibles y, en las pruebas realizadas, el procedimiento no se ha detallado con suficiente claridad. No obstante, con estos datos, lo que se puede deducir es que la mayoría de los alérgenos alimentarios en el perro y el gato son principalmente ingredientes de origen animal más que de origen vegetal. Además, la probabilidad de desarrollar RAA aumenta con la exposición al alimento, y es posible que los alérgenos más frecuentes en la actualidad se sustituyan por otros con el transcurso del tiempo, al evitar su uso en la alimentación del animal.

En un estudio en Estados Unidos, se comparó la composición de cada uno de los ingredientes de los alimentos secos sin y con cereales para gatos (8). Los ingredientes de origen animal más habituales en los alimentos con cereales fueron principalmente el pollo, seguido del pescado y del huevo. En los alimentos sin cereales, los ingredientes de origen animal más frecuentes fueron el pollo y el pescado, en la misma media, seguidos del huevo (Figura 5). Los ingredientes más frecuentes de origen vegetal en los alimentos con cereales fueron el arroz, el lino, la grosella, la avena, la zanahoria, la remolacha, el guisante, la cebada y el arándano; mientras que en los alimentos sin cereales fueron los guisantes, las grosellas, las patatas, las zanahorias, los arándanos, el lino, la batata, la tapioca/mandioca y la manzana (Figura 5). Teniendo en cuenta esta información, en ambos tipos de alimentos es poco probable encontrar algunos de los alérgenos más frecuentes en el gato, como la ternera, los lácteos, el cordero, el trigo o el maíz (Figura 5), aunque es probable que contengan pescado y pollo, que son, respectivamente, el tercer y quinto ingrediente más frecuente asociado con la RAA en el gato. Esto significa que el potencial alergénico de un alimento no cambia mucho al ofrecer un alimento sin cereales. 

Algunos propietarios, además de preferir un alimento sin cereales por el posible riesgo de alergia alimentaria, optan por este tipo de alimentos para evitar específicamente el gluten. El 1% de la población humana mundial padece la enfermedad celíaca, que es un trastorno inmune multisistémico desencadenado por la ingestión de gluten (1). En medicina humana se ha descrito un síndrome denominado sensibilidad al gluten no celíaca, en el que los pacientes, sin enfermedad celiaca ni alergia alimentaria, mejoran con una alimentación sin gluten, aunque todavía no se ha determinado si realmente se trata de un trastorno independiente (1). Algunos propietarios no consumen gluten, y para evitar el riesgo de cualquier reacción, prefieren que el alimento de su mascota tampoco contenga gluten. En el perro, se ha descrito la enteropatía sensible al gluten en el Setter irlandés (26) (aunque se ha eliminado en gran medida en esta raza) y el síndrome epileptoide con respuesta al gluten en el Border Terrier (27). En los animales afectados puede ser útil evitar el gluten, lo que no implica necesariamente que el alimento sea sin cereales. En el gato no se han descrito trastornos relacionados específicamente con el gluten. 

Los alimentos sin cereales y la cardiomiopatía dilatada

Recientemente, se ha descrito el desarrollo de cardiomiopatía dilatada (CMD) en perros que consumían gran cantidad de ingredientes que generalmente se incluyen en los alimentos sin cereales (guisantes, patatas, lentejas, otras legumbres) (28). Aunque existe una reconocida predisposición racial a la CMD, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. ha recibido varios informes de esta afección en razas poco habituales que recibían alimentos sin cereales. En la mitad de estos casos se observó una baja concentración sérica de taurina, y la deficiencia en taurina predispone a la CMD. El perro puede sintetizar la taurina y no suele ser esencial el aporte de este aminoácido en la alimentación, pero para algunos individuos o razas la taurina puede ser condicionalmente esencial. Es posible que dichos ingredientes interfieran con la biodisponibilidad de la taurina o con la de otros nutrientes que todavía no se han estudiado. De momento, es difícil llegar a la conclusión de que los alimentos sin cereales estén relacionados con el desarrollo de CMD, ya que el número de casos descritos representa una fracción muy pequeña de los perros que reciben alimentos sin cereales y es necesario realizar más investigaciones. 

Angela Witzel Rollins“La mayoría de los alérgenos alimentarios en el perro y el gato son ingredientes de origen animal más que de origen vegetal.”Angela Witzel Rollins

Entonces, ¿los alimentos sin cereales son buenos o malos?

El perro y el gato pueden digerir y metabolizar los carbohidratos, es decir, pueden digerir los cereales. Por regla general, la alimentación sin cereales no es inadecuada en ambas especies, aunque no hay datos que sugieran que sea la alimentación óptima. Los alimentos sin cereales para gatos pueden tener un menor contenido de carbohidratos totales con respecto a los alimentos con cereales pero ningún tipo de alimento es totalmente libre de carbohidratos; puede que los alimentos sin cereales no reflejen el perfil de macronutrientes que los gatos y perros domésticos suelen preferir. Es importante destacar que un alimento con un nivel total de carbohidratos bajo debe ser, por definición, más alto en proteínas y grasas, por lo que estos alimentos pueden no ser adecuados para animales con determinadas patologías, como la enfermedad renal crónica o enfermedades que requieran un menor aporte de grasa en el alimento.

El simple cambio a un alimento sin cereales no tiene por qué implicar una mejoría en los signos clínicos de la RAA, puesto que lo más probable es que los causantes de la RAA sean ingredientes de origen animal, y habitualmente los alimentos secos sin cereales incluyen dos de los ingredientes asociados con más frecuencia a la RAA en el gato. En el gato y el perro con RAA frente a un cereal específico no se ha descrito la reactividad cruzada al resto de los cereales, y en las personas probablemente solo afecte al 25%.

Conclusión

Lo importante es confirmar que la mascota se encuentra bien con un alimento sin cereales bien formulado, sin olvidar el posible riesgo de CMD, tal y como se ha explicado antes. Sin embargo, si se utiliza un alimento sin cereales con el objetivo de ofrecer un alimento ancestral más biológico, evitar variaciones de glucemia innecesarias, mejorar la digestibilidad del alimento en general y/o evitar las alergias alimentarias, es posible que la alimentación sin cereales no sea la responsable de cualquier beneficio observado.

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